domingo, 19 de junio de 2011

Clarence Clemons y aquel solo de saxo inolvidable


En 1994, mi hermano se compraba el triple CD Live 75 - 85, de Bruce Springsteen con la E Street Band, que resumía parte de la historia de Springsteen con la banda. En el 96, compraba en una tienda de música ya desaparecida de Alfredo Brañas con mi hermana un regalo de reyes para mi hermano. Compramos Nebraska, con la etiqueta pegada de mid Price.

En el 2002, Antía me regaló Live en NYC, en que podría ser un momento de disyuntiva en lo que se refiere a mis gustos musicales. De dejar a un lado la música alocada de Deep Purple, de los solos interminables de Lord y Blackmore que tanto me gustaban y la voz enrabietada de Gillan. Para dejar atrás mi adolescencia ligada al hard rock, e ir pasando, poco a poco, al Rock&Roll. Y Antía, siempre Antía, que durante mi juventud pobre, o como diríamos por aquí, “sempre sen un can”, mantenía con sus regalos mi afición por la música.

Live en NYC siempre fue un disco especial por ese motivo. Springsteen ganó más y más terreno frente a otros artistas con los que había estado ligado hasta ese momento fundamentalmente a través de los discos y cintas grabadas de mi hermano. Y allí, en ese disco, fueron muchas las canciones que me cautivaron. En un principio lo fueron las menos importantes, Yougnstown, Murder Incorporated, por encima de Badlands o Born to run. Pero esto me llevó a seguir más de cerca la obra del artista, más allá de la tan conocida Born in the Usa o Because the night. Y así, Nebraska, aquel disco que le habíamos regalado a mi hermano, llegó a ser una pieza fundamental en mi estantería y en mi vida. Con el tiempo, la obra de Bruce en general lo hizo. Volvía a los discos que Antonio guardaba, y adquirí más, me paseé por todos los discos, sorprendido por The River, fascinado por Rosalita, y los silencios tan significativos de My Father House.

Y llegó el momento de volver al Live in NYC, en aquella canción que empieza con el maravilloso piano de Bittan (una de ellas). Quedé hipnotizado y fascinado por la ópera callejera, allí donde la calle es una jungla. De la historia más hermosa, de un preciso comienzo que precede a la locura, de los callejones y las bandas, de las peleas y las carreras en las calles. Cuando el desorden se impone, hasta llegar el momento de reflexión, de pensar en nuestros actos, de contemplar el panorama, bajo un larguísimo solo de saxo que nos envuelve en un mar de espiritualidad, que nos hace sentir bien y nos lleva a otros lugares, nos anima, para finalmente entender cuál es nuestro sitio en el mundo.

Por entonces la percepción de Clarence estaba idealizada por la puesta en escena del DVD con mismo título, en el que Bruce y Clarence parecían, en algunos casos, la misma persona. En todo caso, la potencia de su saxo, en aquella versión lenta comparada con las versiones de finales de los 70, siempre permaneció en mi cabeza, sonando en algunos de los momentos más difíciles de mi vida. Y supongo, por ser aquella mi primera referencia, esa versión siempre ha sido mi preferida.

Se va una persona, pero me atrevo a decir que las personas como él nunca mueren, vayan a donde vayan. Siempre permanecen, por y para siempre, en eso que llamamos RockandRoll, en esa música que no perece, que siempre seguirá viva. Las puertas del RockandRoll siempre estarán abiertas.

No tengo tan claro lo que le espera a la E Street Band. Porque por muy bien que consiga sonar la banda en lo que le quede de vida, siempre quedará un hueco. Fue duro lo de Danny, y ahora veo imposible que sigan tocando bajo el nombre de E Street Band. Eso es ya imposible, y si lo hacen, será una mentira.

Hoy me he levantado tarde, a eso de las 11.30, después de hacer el vago. Ayer por la noche, antes de acostarme, subí al facebook un vídeo de Clarence con Jackson Brown, You´re a friend of mine, que ahora suena como algo premonitorio.

Ayer tenía la esperanza, que chocó con la noticia de esta mañana. He puesto aquella versión de Jungleland, como despedida, como un adiós, y no pude evitar algunas lágrimas. Clarence se ha ido, pero siempre me quedará aquel magnífico solo de saxo, aquí, en el corazón.




miércoles, 12 de enero de 2011

En recuerdo del Commodore 64... y los que siguieron

Eran otros tiempos. El ocio, tal y como lo conocemos, era diferente. Muy diferente.

Antaño, para quedar con los amigos, uno se citaba en el colegio, o se llamaba por teléfono, esperando que al amigo se le concediese permiso, y poder ir a jugar al fútbol en el campus, eso sí, acompañados por un adulto. Ya de adolescente, se quedaba a una hora en un lugar, y no se podía llamar al móvil para preguntar en dónde diablos se había metido el otro. No se podía, ya que no existía el móvil. De la misma manera el teléfono del amigo se sabía de memoria, antes de que se pudiesen guardar en el mismo aparato con una memoria electrónica que recordara por uno los números de teléfono de los conocidos, de los realmente importantes, y no la frialdad actual que lleva a guardar los teléfonos incluso de las personas más indeseables que uno pueda conocer.

Y cuando uno no se quedaba en casa jugando toda la tarde al ordenador (o no tanto como se podría hacer hoy en día), ni se conectaba por chat, Facebook o cualquier medio tecnológico distinto al teléfono. Donde la realidad era más que nunca real. Cuando tus padres no jugaban al ordenador, y por tanto no te quitaban horas de vicio que podían llegar a altas horas de la madrugada…

Soy de esa generación que de alguna forma ha vivido estos cambios. Presencié, vivencié en primera mano la evolución tecnológica. En mi casa, sin sentirme un privilegiado, siempre existió un aparato llamado ordenador. Ahora que el tiempo ha pasado, si se para uno a pensar, es increíble la forma en que el uso del mismo ha cambiado.

El primero, que se utilizaba básicamente para jugar, fue el mágico commodore 64, un ordenador de cintas. Se añoran esos tiempos de niñez, de larga espera para poder jugar, incluso una hora, antes de poder disfrutar de los juegos. De aquellos gráficos hoy inocentes, que ni siquiera están a la altura de los peores juegos online de Internet de hoy en día. Muchos de dificultad extrema, otros con errores… el commodore 64 marcó una época en el colectivo mental de mi hogar, donde se recuerda con añoranza el viejo joystick con dos botones y ventosas en el pie para mejor sujección en la superficie. Con ese teclado tan particular, cuyo uso era muy limitado.

Después vinieron otros, otro commodore con memoria interna, en el que se insertaban discos de 5 ¼ y 3 ½. Puede que hubiese otro en medio, en el que incluso se usasen cintas con más estilo.

Aquel lenguaje fundamental de DOS para poder jugar a cualquier juego. Cd gp. Gp>gp, y podíamos jugar en algunos de los circuitos más famosos, en un campeonato de fórmula 1, escogiendo entre las escuderías mclaren, ferrari o Williams, peleando con bruno gourdo, o travis day…

Alineación al centro


Y el juego empezaba, cambiemos gp por basket y podríamos jugar las finales de la nba, donde uno podía escoger a los Bulls de jordan (todavía no debían estar en auge los derechos de imagen y esos rollo), pero donde sobretodo la máquina era Kareem Abdul Jabbar y su magnífico gancho. O podías poner menu para acceder a una lista de juegos también geniales. Así se llegaba a jugar al pacman, otelo, y otra serie de juegos de los que ya ni siquiera me acuerdo. ¿Y el maniac mansion? Pero el ordenador incorporaba más cosas que utilizábamos, el Blaster, un programa para hacer estilografía. Y varios Basic, donde el genuino era el qbasic, donde uno creaba sus propios jugos de respuesta escrita. En los institutos se enseñaba esto en la clase de informática. ¿Y qué decir de aquellas impresoras de las que salía el papel seguido, sin cortar, con los bordes tan peculiares.?

Después todo cambió, las comodidades mejoraron, la tecnología empezó a evolucionar de una manera increíble, y entonces los ordenadores empezaron a quedarse obsoletos más rápido que nunca. Llegó el Windows 95, los juegos eran cada vez mejores y con mas posibilidades, con objetivos más amplios y no tan simples, con más variables, con mejores gráficos… el transport tycoon, el albion, gender Wars y championship manager tuvieron éxito en mi casa… o incluso los propios del Windows que siempre odié, y atrajeron a otro público para usurpar el ordenador.

Qué decir, la demanda hizo que el mercado evolucionara de una forma bestial, mejores ordenadores, el auge de los portátiles, los pen drive, los mp3, la evolución de los sistemas operativos. La alternativa de linux, el resurgir de mac… Pero por encima de todo, los videojuegos empezaron a triunfar más que nunca fuera del ordenador, en las consolas, en las batallas nintendo contra sega, y más tarde play station, xbox...

Pero volvamos a lo que ha motivado este comentario. He encontrado una web en donde se puede jugar a juegos del antiguo commodore 64. Mi búsqueda estaba motivada por encontrar un viejo juego llamado la hormiga de fuego (fire ant), al que mi madre jugaba mientras los demás dormíamos, esperando a que llegara mi padre de trabajar. Sólo por esa imagen de la clase trabajadora, merecía la pena este comentario.

En la hormiga de fuego, uno tenía que ir pasando distintos niveles custodiados por escorpiones que te mataban si te tocaban, cogiendo llaves, tocando en un sitio u en otro, haciendo puentes… hasta encontrar a la reina. Un juego de paciencia, ya que la suerte era un factor crucial y no todo dependía de la habilidad del jugador. Pues bien, en esta misma página se puede jugar, aunque al llegar a la 4º pantalla parece bloquearse y es imposible atravesar una puerta (por lo menos yo no lo he conseguido).


Cuando los videojuegos tenían su propia luz.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Los caminos del Tesoro...

Todos los que conocemos bien a Alfonsito, sabemos de su pasión por los autobuses. Es tanta, que no se conforma con mirarlos desde la ventana, arde en deseos de bajar, charlar en su particular idioma con los conductores, señalarlos aunque esté a dos pasos de los mismos, subir si se lo permiten… desconozco si esta pasión se debe a la forma de ver el mundo de un niño pequeño, y en particular la de un medio de transporte tan grande, o si por el contrario es que existe un razonamiento que le impulse al deseo de ver más buses.

Su enfermedad, por decirlo de alguna manera, es tanta que incluso le gusta ver vídeos de autobuses por el youtube. E aquí empeza o conto.

La situación es la siguiente, le buscamos vídeos donde aparezcan autobuses, se van pasando para ver si son del agrado de su majestad, y así hasta que descubrimos uno en la que la combinación de una canción movidita y más buses y buses es la ideal para él, vídeo por cierto, con un desenlace fatal.


Este vídeo lo ha visto, y creo que no miento, unas 100 veces, con esa pesada canción que cansa cuando uno la escucha tantas veces. Por suerte, dibujos como Dora la exploradora o Jim Jam y Sunny moldean a uno para hacer frente a estos retos, otorgándole la capacidad de abstraerse cuando los contempla.

La canción en cuestión es en español, pero sinceramente, nunca entendí lo que decía ni me paré a escucharla. (Pincha si quieres ver la letra) Sin embargo, un día, escuché que una estrofa acababa diciendo “no cambio por nada a Cristo Jesús”. Me chocó tanto que empecé a preguntar por casa, si alguien se había detendido a escucharla, y si entendían de qué trataba. Mary se sabía más estrofas!!!!!

Pues bien, no pude evitar esa pequeña investigación sobre la canción y quién la canta, y después de cinco minutos, puedo decir que pertenece a un grupo llamado Rojo, que la cantante es una tal Annette Moreno, y se llama No me avergüenzo del evangelio.


Que conste que no tengo nada contra de la música cristiana, ni nada parecido. Pero me llama mucho la atención un verso que dice:

Dicen que el cosmos fue una explosión
Y actuan diciendo, Ya no existe Dios

Por lo menos me he reído un poco.

Tampoco entiendo qué tiene que ver esta canción con un vídeo de autobuses, de una determinada empresa, y que acaba con los siniestros de los mismos. Cousas sen sentido.

Así pues, creo que voy a terminar con otro vídeo, en este caso de una actuación de Springsteen, en la que interpreta una canción titulada Part Man, Part Monkey, en la que si no me equivoco alude a los centros educativos de su país en los que se enseñaba la teoría del creacionismo. Toma moreno!


miércoles, 3 de noviembre de 2010

Roma versus ROMA

Para mí, Roma no es la Antigua Roma. Forma parte de su pasado, cierto, pero forma también parte del pasado de las civilizaciones mediterráneas, y de la cultura occidental. Así que, a la fuerza, la historia de Roma es la historia de Occidente. Fue tal el esplendor de la Roma Antigua, que uno se puede llegar a preguntar si la Roma actual ha evolucionado lo suficiente para estar a la altura de aquella.
Pero comencemos por el principio.
Hace muchos años ya, un juego de ordenador, uno de esos que todavía funcionaban en MS-DOS, entró en mi vida. Centurion era un juego históricamente acertado si bien no exacto al 100%, en el que había, sencillamente, que invadir todos los pueblos que acabaron formando parte de la futura Roma. Y alguno más. Recuerdo que solía jugar con Scipius Africanus, mi general favorito de los que ofrecía el juego y con el que se empezaba la aventura (el general podía vivir 300 años, y coincidir con otros generales de épocas distintas, como Marco Antonio), y me gustaba conquistar territorios con solamente con él. Este fue de alguna manera mi primer contacto con Roma, la Antigua, y también con uno de los mayores generales de Roma, Publio Cornelio Escipión, al que Santiago Posteguillo dedicó recientemente una trilogía de lectura más que recomendable.
Desde entonces, fueron varios los libros de romanos, las consultas a Internet, y el imperium, un juego más moderno de ordenador, pero capaz de detallar algunas de las batallas y la historia de Roma de manera acertada a través del ocio.
Roma no podía ser, de ninguna manera, un viaje que podía esperar. En muchas ocasiones me repetía a mí mismo que no podía ir todavía, pensando que me faltaba preparación para contemplar el maravilloso mundo romano. Mi ilusión pretendía ser llegar a la ciudad romana y que fuese imposble pasar por delante de algo que no supiese lo que era. Hoy reconozco, que eso es inaudito, pues Roma, la Roma antigua, es simplemente inabarcable.
Además, había llegado a un punto en el que no podía esperar, tenía ganas de entrar en el foro, contemplar sus edificios, observar las majestuosas columnas, luchar en el circo romano, caminar, de alguna manera, por las mismas calles por las que caminaron algunos de los mejores estrategas de la historia, en la historia de una ciudad que extendió sus límites muy lejos, con su arte, arquitectura… sin olvidar todo lo que conllevaba Roma, la esclavitud, el odio, saqueo, la guerra, la dominación religiosa, la estratificación social…
El foro de Roma son ruinas, pero ruinas que ayudan a formarse una ligera idea de cómo era la ciudad. La colina palatina se observa muy bien, al igual que la capitolina, pero el resto que las rodean están contaminadas por el presente. Es decir, el foro, ese punto de reunión en la zona inferior de las colinas, no se vislumbra igual que antaño, en el marco de la ruma romana. Pero es difícil hacer imaginación allí, quizás por la poca información dentro del propio foro, y por la ignorancia de uno. Lo más característico es el templo de Vesta, de forma circular. Otros edificios sólo conservan las columnas. El palatino, y las domus que hay en el mismo, dejan ver, aunque de forma muy sutil, el origen del ego de los propietarios de mansiones; el tamaño importa. Es por ello que el Coliseo romano es símbolo de Roma, y no tanto el foro, ya que su aspecto exterior, tan enorme, nos recuerda la especulación urbanística de hoy en día para hacer grandes recintos y tener ocupado al pueblo.


Existe la creencia, o por lo menos me ha llegado muchísimas veces este rumor, de que no vale la pena entrar dentro del Coliseo, pues supone una decepción. A mi modo de ver se corresponde con una forma simplista de ver el mundo, aunque evidentemente cada uno tiene su forma subjetiva para racionalizar lo que observa. Es acaso una canción sólo una canción, es el camino de santiago sólo una pista de atletismo, es Alfonsito sólo una persona más. Todo los que nos rodea está lleno de significados, y es lo que vemos, lo que significa, y lo que fue. El coliseo por dentro es simplemente impresionante, uno observa los distintos niveles del mismo, el espacio del que se componía, su diseño para adaptarse a los espectáculos más raros… habrá quien haya visto sólo un montón de piedra, pero yo vi un estadio, con tierra en el suelo, y un espectáculo donde se derramaba la sangre del vencido, esperando a que el césar dictara clemencia o muerte.
Es ilógico además que exista esta idea en el coliseo y no en el foro, que no son más que muchas ruinas. Entonces, qué sentido tiene el Área Sacra, si no es por lo que significa por sus hechos, el asesinato del primer césar.
Recientemente se abrió el nivel superior a las visitas, por lo que es la excusa perfecta para volver, con deseos de abran algún día la parte inferior. Parece ser que la visión desde este nivel superior es impresionante, tanto es así que este hecho acabará simplemente con los rumores.
Pero hay mucho más de la Roma Antigua, inabarcable, como decía. Hay algo casi en cada rincón de la ciudad, en el lugar menos esperado. En un momento dado, si me hubiese encontrado un trozo de columna como maceta pública, no me hubiese sorprendido. Los museos capitolinos son una visita obligada en este sentido. Observar a la loba capitina, la estatua de Hércules, o la estatua original de Marco Antonio (la de la plaza es una réplica), son algunas de las atracciones. Pero tenía muchas ganas de ver restos del templo de Júpiter, el más importante de su época. Absténganse los citados anteriormente, sólo verán piedra. Una de las cosas que más me gustaron, además de innumerables bustos, fue ver la lista de cónsules de Roma, amplísima, tanto que no busqué (al menos no mucho tiempo) los nombres de mis favoritos.
Hay también lugares que aparecen y no están, que existen de alguna manera pero no se pueden ver. Después de leer el libro Roma de Steven Saylor, tenía muchas ganas de ver el Ara Máxima, o lo que es lo mismo, el lugar sagrado dedicado a Hércules, desde los comienzos de la ciudad, antes incluso que su propia fundación. Este lugar no existe. O la roca Tarpeya. En su lugar uno encuentra un parque algo siniestro. Así que difícilmente pude imaginar cómo los romanos tiraban contra la piedra a los prisioneros u otros condenados a muerte.
Y qué decir del Panteón. Hoy iglesia también, pero mantenido por un ministerio, es un edificio impresionante. Cuando uno ve este tipo de edificios, debe ser capaz de entender la cantidad de años que llevan en pié. No quiero imaginar lo que uno debe sentir ante las pirámides egipcias. Es curioso ver gente rezando, pero si eso ha servido para mantenerlo en pié, pues bien. Mejor eso, que construirle encima, que a fin de cuentas es lo que se ha hecho en el vaticano.


Y por último, y deseando acabar esta entrada, es el momento de manifestar, después de pensarlo mucho, mi odio por el monumento a Vittorio Emanuelle. Una primera mirada, te hace observar un bonito palacio blanco mármol, que engrandece una plaza maravillosa. Hay otra mirada, que busca todo lo que ha significado este edificio. Existen muchos significados, y uno debe elegir si a pesar de los pesares debe aceptarlo. Es un hecho que el edificio está ahí, y habrá que convivir con él. Por tanto, la decisión está en si te gusta o no, porque la eliminación es imposible. Entonces uno decide que es un edificio bonito. Pero qué ocurre cuando uno se empapa de pasado en el foro y a lo lejos observa con horror una mole blanca, que estropea la visión. Pues sencillamente, que es una mierda de la cual es imposible sentirse orgulloso. Estropea la visión del propio foro, emsobrece la belleza de la colina capitalina, es decir, sólo aporta ostentosidad, pero nulo sentido en el conjunto de esa Roma.
Me han contado además, un proyecto para cerrar la Vía del Fiori Imperiale, esa horrible carretera que cruza por el medio de la Roma antigua. La idea es dar a la luz todo lo que se esconde debajo. El proyecto será de difícil ejecución mientras se viva en una sociedad tan dominada por el coche. Y más en Roma, con un transporte público que no es el de otras grandes ciudades, precisamente por toparse por un pasado tan grande.
Sin embargo, creo que Roma se lo debe a sí misma. Que quiten esa carretera… y de paso tiren esa mierda de palacio de una vez.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

ROMA EN UNA TARDE

¿Se puede ver Roma en una tarde? Sí y no. Existe un contraste entre su atractivo por caminar prolongadamente por sus calles y la gran cantidad de obras maestras que ver. Pero debo Confesar que esta pregunta no se me ocurrió hasta la noche, después de haber recorrido andando gran parte del centro de Roma.

Mi primer día, o mi primera tarde mejor dicho (nuestra primera tarde sería más exacto), fue emocionante. En poco tiempo, lo que pretendía ser una toma de contacto con la ciudad se convirtió en un paseo sin fin, paseo que no quería detener bajo ningún concepto, y en donde en cada esquina había un descubrimiento nuevo y apasionante. Pero empecemos por el principio.

El punto de partida fue nuestro hotel situado en la céntrica y comercial Vía del Corso, sin duda, una inmejorable localización. Previamente, en nuestro recorrido desde el aeropuerto sólo vimos la estación Termini, donde tomamos el metro hasta Piazza Spagna, para seguir caminando hacia el hotel.

Piazza Spagna me produjo sensaciones diversas, donde hubo un choque entre la imagen mental que tenía de la plaza y la realidad. Para empezar era bastante más pequeña de lo que me imaginaba, parecía mucho más cerrada, no había ni una flor, y la fuente de la barcaza me pareció bastante simple. Una impresión que enfrió mi estado de ánimo, aunque lo cierto es que ya venía bastante frío por tener que aguantar a las juventudes alemanas, grandes masas de jóvenes que se movían por metro todos juntos, metro que quizás es el peor que haya usado en mi vida.

Con el tiempo debo reconocer que esa sensación cambió, y aprecié a la plaza ya no sólo por la belleza que no encontré en un primer momento, sino también por ser uno de los muchos puntos de encuentro geniales de los que goza Roma. La escalera abarrotada de gente, aunque me generó bastante estrés, sería una de las imágenes que más eché de menos días después de la partida.

El paseo inicial no tenía destino final, sólo pretendíamos dar un paseo por las calles del centro. Si bien yo llevaba el mapa (y no habrá día que vaya de viaje sin uno en la mano), fue Antía la que propuso hacer un bello recorrido que va desde la Piazza Spagna hasta Piazza Navona.

Tras recorrer brevemente las calles comerciales que salen del Corso, y gozar de nuevo de una bella Spagna, nos dirigimos a Trevi. Si en el caso de Spagna mi imagen mental había chocado con la realidad de lo que era, en el caso de Trevi, simplemente tuve que borrar todo lo que traía de antemano. Ninguna foto ni descripción, ni vídeo, hace siquiera justicia a la belleza y enormidad de la fuente. Quedé estupefacto de que la fuente en cuestión era una fachada entera de un edificio, y la plaza es casi en su totalidad, fuente. Desde el primer día la Fontana di Trevi se convirtió en nuestro lugar preferido para descansar, donde siempre encontramos un sitio donde sentarnos, no sin dificultad. Pasamos largo tiempo mirando para ella, y unas cuantas monedas tiré.

El resto del paseo hasta Navona es también precioso. Uno encuentra restaurantes, puestos callejeros, y tiendas donde se encuentran esos artículos que no pueden faltar en un viaje de estas características. En el camino te topas con el Templo de Adriano, del que sólo quedan las columnas exteriores. Fue el primer momento donde aprecié la belleza de la Antigua Roma, y el comienzo de los despropósitos arquitectónicos que le siguieron. Uno contempla unas antiguas columnas enmarcadas por un horroroso edificio de cemento.


Antes de llegar a Navona, se pasa también por el Panteón, una enorme construcción romana que todavía se conserva entera casi en su totalidad. Cada pasada por allí, te lleva la vista al edificio en cuestión, enorme, aunque con la habitual suerte de nuestros viajes, tenía una gran parte en andamios.

Piazza Navona es impresionante no sólo por su arquitectura, que también, sino por su ambiente. Su forma rectangular alargada hace que puedas encontrarte dos mundos diferentes en una esquina y en la otra. Llegando a la piazza desde el Panteón, en la derecha, se sitúan los pintores. Por el otro lado, a la izquierda, es más habitual ver a los artistas que allí actúan. Todo, presidido por tres preciosas fuentes.

A partir de este momento me hice cargo de la ruta a seguir, y nos dirigimos a Campo de Fiori, para seguir por el Area Sacra y acabar en el monumento a Vittorio Emanuele en Piazza Venezia.

Campo de Fiori quizás no esté a la altura de otra plazas en belleza, pero el ambiente que se respira en la plaza es igualmente agradable. A pesar de su cercanía a Navona, parece un lugar totalmente diferente. Aquí la huella de turistas es bastante menor y el lugar parece pertenecer a una Roma ciudad más genuina.

El Area Sacra, fue el primer gran conjunto de ruinas de la Antigua Roma que vi. Me gustó especialmente por el hecho de saber que en ese lugar probablemente se dio muerte a Julio César, y me pareció por un instante que estaba contemplando la escena. Habrá quien sólo vea piedras, pero allí vi el comienzo de un Imperio y el fin de la República , porque la muerte de César no consiguió evitar su fin. El resultado, la persecución y muerte de los asesinos, y el primer emperador Romano, Octavio, que sería emperador con el nombre de César Augusto.

Pero este lugar lo recordaremos también por habernos encontrado con Roberto Benigni, ese particular personajillo que grabó una maravillosa y alegre película en el marco de la 2ª Guerra Mundial, algo difícil de hacer. Película por cierto, grabada en gran parte en la preciosa localidad de Arezzo, que ya tuvimos la oportunidad de ver en nuestro viaje por la Toscana. Pasó junto a nosotros rozándonos, se metió en una pizzería y salió después de un rato con dos cajas (de pizza claro) en las manos, para meterse en su mercedes mal aparcado (es italiano después de todo), para marcharse.

El monumento a Vittorio Emanuele refleja la evolución de sentimientos más importante en mí, pero no lo voy a reflejar ahora. Diré en todo caso, que en ese momento me quedé con la idea de que es una enorme construcción de mármol, preciosa, que impresiona.

Bien, la idea era dar un paseo, pero por el camino Antía me había venido advirtiendo de que si seguíamos así, acabaríamos en el Coliseo. Así fue, cuando me enseñó que el mismo se ve ya desde la Piazza Venezia. Por supuesto, alargamos el paseo hasta allí, pero dando un rodeo por la Piazza del Campidoglio. Subimos por la escalinata diseñada por Miguel Ángel, que sube desde una horrible carretera ruidosa hasta la tranquilidad de la plaza. Es otra Roma, del renacimiento, aunque en el centro predomina la estatua de Marco Aurelio (una réplica, porque la original se encuentra en los museos capitolinos, situados en la misma plaza). Marco Aurelio parecía posar diciendo, “Me voy para Germania a darle una patada en el culo a esos bárbaros”. En todo caso es una plaza diferente, sin el ambiente que tienen Trevi, Navona o Spagna, algo que compensa con creces por belleza. Hay un componente que le otorga más puntos, el hecho de estar en la cima Capitolina, de las más importantes de las siete cimas en donde se fraguó la historia de la ciudad. En donde estuvo además el más importante Templo, el dedicado a Júpiter. Una parte de este templo, se puede ver también en los museos capitolinos. Siguiendo una bajada hasta Via dei Fori Imperiale, uno deja a un lado el foro romano, difícil de apreciar de noche, pero que supuso una primera visión del glorioso pasado de la ciudad.

Y llegamos al Coliseo, un enorme edificio circular ligeramente ovalado donde se celebraban los espectáculos para el populacho. Impresionante, me quedé con las ganas de entrar, pero habría que esperar unos días, para cuando teníamos las entradas.

Y por supuesto, para acabar la tarde en Roma, pasamos por la saturada Trevi y Spagna de camino al hotel, porque no podíamos acabar en otro sitio.

Sigo sin poder responder a la primera pregunta: ¿Se puede ver Roma en una tarde?