En el 2002, Antía me regaló Live en NYC, en que podría ser un momento de disyuntiva en lo que se refiere a mis gustos musicales. De dejar a un lado la música alocada de Deep Purple, de los solos interminables de Lord y Blackmore que tanto me gustaban y la voz enrabietada de Gillan. Para dejar atrás mi adolescencia ligada al hard rock, e ir pasando, poco a poco, al Rock&Roll. Y Antía, siempre Antía, que durante mi juventud pobre, o como diríamos por aquí, “sempre sen un can”, mantenía con sus regalos mi afición por la música.
Live en NYC siempre fue un disco especial por ese motivo. Springsteen ganó más y más terreno frente a otros artistas con los que había estado ligado hasta ese momento fundamentalmente a través de los discos y cintas grabadas de mi hermano. Y allí, en ese disco, fueron muchas las canciones que me cautivaron. En un principio lo fueron las menos importantes, Yougnstown, Murder Incorporated, por encima de Badlands o Born to run. Pero esto me llevó a seguir más de cerca la obra del artista, más allá de la tan conocida Born in the Usa o Because the night. Y así, Nebraska, aquel disco que le habíamos regalado a mi hermano, llegó a ser una pieza fundamental en mi estantería y en mi vida. Con el tiempo, la obra de Bruce en general lo hizo. Volvía a los discos que Antonio guardaba, y adquirí más, me paseé por todos los discos, sorprendido por The River, fascinado por Rosalita, y los silencios tan significativos de My Father House.
Y llegó el momento de volver al Live in NYC, en aquella canción que empieza con el maravilloso piano de Bittan (una de ellas). Quedé hipnotizado y fascinado por la ópera callejera, allí donde la calle es una jungla. De la historia más hermosa, de un preciso comienzo que precede a la locura, de los callejones y las bandas, de las peleas y las carreras en las calles. Cuando el desorden se impone, hasta llegar el momento de reflexión, de pensar en nuestros actos, de contemplar el panorama, bajo un larguísimo solo de saxo que nos envuelve en un mar de espiritualidad, que nos hace sentir bien y nos lleva a otros lugares, nos anima, para finalmente entender cuál es nuestro sitio en el mundo.
Por entonces la percepción de Clarence estaba idealizada por la puesta en escena del DVD con mismo título, en el que Bruce y Clarence parecían, en algunos casos, la misma persona. En todo caso, la potencia de su saxo, en aquella versión lenta comparada con las versiones de finales de los 70, siempre permaneció en mi cabeza, sonando en algunos de los momentos más difíciles de mi vida. Y supongo, por ser aquella mi primera referencia, esa versión siempre ha sido mi preferida.
Se va una persona, pero me atrevo a decir que las personas como él nunca mueren, vayan a donde vayan. Siempre permanecen, por y para siempre, en eso que llamamos RockandRoll, en esa música que no perece, que siempre seguirá viva. Las puertas del RockandRoll siempre estarán abiertas.
No tengo tan claro lo que le espera a la E Street Band. Porque por muy bien que consiga sonar la banda en lo que le quede de vida, siempre quedará un hueco. Fue duro lo de Danny, y ahora veo imposible que sigan tocando bajo el nombre de E Street Band. Eso es ya imposible, y si lo hacen, será una mentira.
Hoy me he levantado tarde, a eso de las 11.30, después de hacer el vago. Ayer por la noche, antes de acostarme, subí al facebook un vídeo de Clarence con Jackson Brown, You´re a friend of mine, que ahora suena como algo premonitorio.
Ayer tenía la esperanza, que chocó con la noticia de esta mañana. He puesto aquella versión de Jungleland, como despedida, como un adiós, y no pude evitar algunas lágrimas. Clarence se ha ido, pero siempre me quedará aquel magnífico solo de saxo, aquí, en el corazón.
